Los colores de Alisha – Capítulo 02

Aquí traigo la continuación de la historia «Los colores de Alisha«, capítulo 02.


Capítulo 02: El color del festejo

La noche que Gabriela conoció a Alisha estuvo llena de colores. En el restorán Holi, el cual estaba en su mes de apertura, se celebraba la despedida de soltera de Banashree y el local rebosaba de música y festejos. Diversas tonalidades colgaban del techo: celestes, verdes, turquesas, naranjas, rojos y violetas, todos recibiendo brillo de las luces que giraban sobre ellos.

Las infantiles manos de Mateo quisieron alcanzar los decorados al entrar. Gabriela lo sostuvo firmemente contra su cuerpo porque, a su año y medio de edad, su hijo era un pequeño y revoltoso terremoto que al menor descuido escapaba de su vista. A su lado, Diana reía mientras señalaba sobre el niño para que este atrapara los papelillos que caían sobre ellos. Las carcajadas de Mateo sobresalían al tambor y a la flauta. Gabriela rio mientras le sostenía la espalda.

—¡Esto es magnífico! —exclamó Diana al extender su visión entre las mesas redondas y decoradas con manteles. Las bailarinas sobre el escenario danzaban coordinadas, vestidas con trajes de colores, largas faldas, mangas vaporosas y medallones dorados que tintineaban al son de sus movimientos—. ¡El ambiente festivo es alucinante!

—¡Ni que lo digas! —Gabriela alzó su voz por sobre la música, mientras avanzaba entre las mesas a donde el mesonero las guiaba—. ¡Esto parece una película de Bollywood!

Fueron acompañados hasta la mesa decorada con un mantel rosa con bordados dorados en sus esquinas. Sobre ella se encontraba un par de velas pequeñas azules y violetas, más una flor de loto de cera flotando en aceite que se deslizaba con cualquier movimiento. Gabriela se sentó cuidando que los pies de Mateo no fuesen a tirar la mesa mientras su amiga se quitaba su gabardina negra para mostrar el vestido azul que se ceñía al cuerpo. Diana sacudió su cabello naranja e hizo resonar sus largas argollas de plata; ella se veía preciosa e imponente por su privilegiada altura que bien pudo servirle al modelaje, si hubiera sido esa su afición. En cambio, era una creativa animadora, contratada por la empresa Branding House para ofrecer el servicio a la Fundación Feminista Hindú Alisha.

El mesero trajo para la comodidad de Gabriela una silla infantil. Allí sentó a su hijo y se aseguró que el pantalón negro y la camisa de colores azules, violetas y verdes no se arrugara. El cabello negro de Mateo contrastaba con la piel blanca que había heredado de su abuelo materno, aunque su rostro tenía mucho de su padre.

—Cómo te decía en el auto —continuó Diana, con su largo cuello expuesto y la nuez de adán moviéndose con su voz—, lo que ellos buscan es una persona encargada de crear contenido para su fundación. Quieren darle vida a los testimonios de las mujeres que ayudan y pensé que recomendarte sería lo mejor.

—Debió ser una labor ardua realizar el plan de marketing para este restorán… ¿no trabajarás también para la fundación?

—Ya Maitte está elaborando una propuesta que queremos presentarles.

El mesero llegó para entregar la carta de comida y les ofreció un vino blanco para iniciar, como oferta de la casa. Un regalo de la señora Rahni. Agradecieron y se sonrieron mientras vieron las copas llenarse del vino.

—¡Esto es delicioso! —se gozó Diana—. Y bueno, Maitte piensa lo mismo, esta familia tiene geniales ideas y necesitan un gran apoyo para llevarlas a cabo y abrirse espacio en este mercado tan competitivo. Admite que esto es mejor que los artículos que has estado haciendo este último año.

—Sí… ya no quiero seguir escribiendo sobre “cinco alimentos para no perder tu cintura” o “diez recomendaciones para levantarte temprano”. —Gabriela apartó esas ideas con un movimiento de su mano y Diana rio—. Esto suena mucho mejor… necesitaba algo así desde que acabó el proyecto con la RAD.

—Sí, siempre te gustó todo esto del trabajo social. —Diana acarició su mentón—. Esta fundación, según me comentó Maitte, está enfocada en rescatar a las viudas en la India que están viviendo bajo situaciones de alto riesgo, muchas de ellas en total estado de abandono, maltratadas o abusadas sexualmente. —Los ojos grandes de Diana se suavizaron en medio de la oscuridad—. No puedo imaginar lo que debió significar vivir así.

—Alguna vez escuché que todo el tema de las viudas blancas sigue hoy en día. —Gabriela saboreó el vino entre sus labios, mientras observaba distraídamente el baile festivo que ocurría en el escenario—. A pesar de los esfuerzos del gobierno hindú de detenerlo, no pueden con la costumbre, sobre todo en pueblos pequeños.

—Podrá ser una potencia en cierne, pero la desigualdad, la pobreza y el fanatismo no la dejan despegar —suspiró.

El restorán Holi era la nueva inversión de Jayce Darzi en Londres. Él heredó de su padre la fructífera fábrica de seda Devi Garment Manufacturers and Exporters Association (DGMEA) que comercializaba entre los más acaudalados en la ciudad de la reina. El restorán, a pesar de haber sido realizado con su inversión, también contaba con el apoyo de su esposa Rahni, una mujer de sonrisa amplia y llena de luz. A simple vista se veía feliz y, a su vez, era la directora de la fundación Alisha.

Gabriela solo había tenido la oportunidad de verla una vez en la agencia Branding House, mientras esperaba el pago de uno de sus trabajos. Rahni vestía con colores brillantes que contractaba con su piel oscura, tenía el cabello recogido en una cola alta y joyas que adornaban su cuello. También llevaba puesto un manto encima de su jean y su blusa que le aportaba un aire místico a su andar. Supo después que era un sari.

Ese día, Rahní caminó por los pasillos de la agencia como si fuera una princesa venida de los más místicos palacios de la India. Pudo haberla fotografiado, pero Gabriela consideró que podría ser tomado de mala manera.

Repentinamente, la música de todo el lugar se detuvo y los cuchicheos de todos los comensales se dejaron oír. Gabriela y Diana miraron hacia el escenario donde Rahni lucía un precioso Sari naranja con detalles dorados. Su cabello negro y ligeramente ondeado caía precioso sobre sus hombros y su maquillaje resaltaba los labios, su larga nariz y sus fascinantes ojos grandes. Se veía muy joven a sus casi cuarenta años y parecía una actriz de esas lejanas tierras.

—Bienvenidos a todos nuestros invitados especiales, quienes están aquí para celebrar un gran momento para nuestra querida Banashree.

La chica mencionada fue iluminada por un reflector y los aplausos no se hicieron esperar. Gabriela aplaudió, aunque ya tenía intenciones de sacar su cámara para inmortalizar el momento. Banashree estaba en una mesa apartada a la derecha con su familia, al parecer. Vestía un bellísimo traje ocre y un velo lleno de pedrería sobre su cabello que le daba un aire lleno de elegancia y femineidad.

—Has hallado el amor y nosotros no podemos estar más felices por ello —continuó Rahni—. Este es el regalo de la familia Darzi, hacia ustedes quienes han sido casi nuestros hermanos en estas tierras. Espero disfrutes la danza de nuestras queridas jóvenes llenas de esperanza, que hemos logrado traer gracias a tu maravilloso aporte.

—Banashree es hija de un brahman —susurró Diana tras sujetar una de las manos que Gabriela había dejado sobre la mesa—. O algo así escuché, pero su padre es dueño de una de las consultoras de programación más importantes de Nueva Delhi. Banashree se unió a Rahni para financiar su fundación.

Y Banashree no lucía una niña menor de edad como había escuchado que ocurría con las jóvenes de la India, obligadas a casarse. Era una mujer hermosa y adulta felizmente acompañada por un hombre británico, de barba negra y ojos azules, vestido en un traje índigo que le sentaba muy bien. Había escuchado su apellido antes, era el heredero de la aseguradora náutica Mercury.

—Mi querida Banashree, por favor disfruta nuestro regalo. —Rahni hizo una ligera inclinación y luego, con un movimiento teatral, deslizó sus manos como si diera paso al escenario y las cortinas cayeron opulentas frente a ellos. La iluminación cambió. Todo quedó a oscura, a excepción de las velas de flor de lotos que estaba en cada una de las mesas.

Los tambores comenzaron a sonar. Gabriela vivió un ligero déjà vu por recordar al par de películas de Bollywood y enfocó sus ojos en el escenario iluminado mientras las cortinas se apartaban y un grupo, de al menos dos docenas de mujeres, se movían al son de la música. Había de diferentes edades, desde las jovencitas que quizás tendría un poco más de dieciocho años, hasta las mujeres de cuarenta o quizás cincuenta, todas vestidas con colores diversos en sus trajes.

Al ubicarse en su lugar sobre el escenario, las mujeres comenzaron a bailar. La voz de una de ellas, una mujer esbelta y alta con rasgos exóticos, se alzó en medio de la música con una entonación vibrante que inició la coreografía. La coral que hacían las mujeres detrás de ella estaba llena de alegría y fue imposible no contagiarse con el ambiente, por lo que Gabriela escuchó a varias voces alzarse cantando aquella canción que parecía conocida en el lugar.

—Tengo que grabar esto —le dijo a Diana, tras levantarse. La abrazó por detrás para susurrarle al oído—. Te encargó a Mateo.

Siempre lo había pensado, era como ver una ópera. El canto contaba una historia y, a pesar de que ella no podía entender nada debido a su idioma, resultaba increíble lo expresiva que era la cantante para bailar y la agilidad para transmitir el mensaje a través de sus manos y los gestos de su rostro. Banashree parecía feliz y aplaudía. Desde su mesa podía verla, moviendo sus hombros al son de la cantante.

Gabriela se felicitó por haber vestido un enterizo negro de pantalón que le daba libertad para moverse en la oscuridad y encontrar una buena posición para captar la hermosura del espectáculo. Desde atrás, casi en las ventanas, era fácil ver la cantidad de colores que se movían con los violines, tambores y flautas. Verdes, naranjas, rosas, violetas y amarillos, era un festival de primavera ante sus ojos. Ella sonrió y enfocó la cámara profesional para captar una de las escenas, donde la vocalista se alejaba bailando con sus compañeras del único hombre del escenario.

Cuando necesitó diferentes enfoques para la toma, se movió entre las mesas. Logró ubicarse en un sitio privilegiado que le daba una buena visión del escenario completo y de la coreografía. Gabriela se preparó para fotografiar. Capturó la imagen de la bella bailarina, pero de reojo notó algo blanco que se movía alejado del escenario. Gabriela persiguió el movimiento y pudo verla escondida entre las grandes cornetas del equipo de sonido, arropada por la oscuridad.

Allí estaba, moviéndose al mismo ritmo de la bailarina que estaba en el escenario y haciendo los mismos gestos, las mismas expresiones. Vestía un sari blanco sin ningún adorno, solo tela que cubría su cuerpo armonioso. Una trenza hasta su cintura danzaba con ella con cada movimiento. No había pulseras en sus muñecas, ni anillos, ni zarcillos y, sin embargo, se veía etérea. Gabriela dejó de mirar al escenario de colores, porque ante sus ojos el blanco brillaba en la penumbra.

Tomó su cámara. Gabriela avanzó a pasos cuidadosos mientras cazaba el movimiento de la joven morena que seguía bailando en la oscuridad. Capturó su esencia con un clic. El flash la detuvo.

Hubo miedo en la mirada de Alisha en esa noche que se vieron, también nerviosismo y una pizca de vergüenza. Esos sentimientos se quedaron dentro del corazón de Gabriela por mucho tiempo.

Separador de Los colores de Alisha

Nota de autor: El segundo capítulo de esta historia a la que le estoy imprimiendo mucho cariño. Para mis patreon se libera hoy 18 de Junio, pero estará a todo publico el 22 de Junio. Como había comentado, mis patreons tendrán la primicia de recibir dos capítulos semanales, distinto a los lectores del blog que podrán ver solo un capítulo semanal. Pero todos podrán acceder a este trabajo al que le estoy poniendo mucho cariño.
Agradezco a Jazz Noire, mi coach de escritura, por ayudarme a notar las cosas que debía mejorar en este inicial borrador. Ella seguirá apoyándome en este trabajo junto a Letras en Gajos, su página de servicio.
¿Qué les ha parecido este segundo capítulo? ¿Cómo ha sido este encuentro entre ellas y porqué Alisha tiene miedo?
Cada Lunes estaré liberando capítulos a todo publico. Los capítulos para los patreons se estarán liberando lunes y jueves. ¡Nos vemos!

Carolina Villadiego

Carolina Villadiego es una escritora entusiasta que tiene 10 años escribiendo historias de temáticas LGBT con drama realista que ha conmovido el corazón de sus lectores. Ha sido programadora, profesora, consultora, fanficker y rolplayer. En el año 2018 alcanzó un premio Wattys dentro de la plataforma de lectura online Wattpad por su libro: Hijo de Payasos.

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1 respuesta

  1. Trebol dice:

    Que bonito primer encuentro

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