Los colores de Alisha – Capítulo 01

Aquí traigo el inicio de la historia «Los colores de Alisha«, capítulo 01, con un comienzo que espero les guste.


Capítulo 01: El color de la cobardía

«Nadie tienen que saber lo nuestro».

Ese fue el disparó que Gabriela recibió al corazón, aunque no hubo hierro, ni palabras. Fueron los movimientos Ese fue el disparó que Gabriela recibió al corazón, aunque no hubo hierro, ni palabras. Fueron los movimientos de las morenas manos temblorosas de Alisha frente a su pecho desnudo, suplicándole con los ojos silencio. El mismo silencio en el que ella vive desde hace tantos años.

Los ojos marrones de Gabriela no pudieron dejar de contemplar los gestos atorados de su compañera. No fLos ojos marrones de Gabriela no pudieron dejar de contemplar los gestos atorados de su compañera. No fueron gritos, pero se sintieron como tales. Sus manos se deslizaron veloces en el aire, y con cada una de las palabras formadas se sentía rasgar un velo difuso en su interior. Arañazos agudos, rompiéndola.

«Necesito que me entiendas», continuó. «No hace falta que nos vean, que lo sepan. Podemos seguir así, como estamos, sin que…»

Con prisa, Gabriela detuvo las manos de Alisha para que dejara de hablar. No hizo falta que observara los ojos negros de la morena para saberlos húmedos y dolidos. Debía ser el mismo dolor que ella tenía en sus entrañas, supuso, porque aquello que le pidió Alisha no lo podría cumplir. Ya no. Era muy tarde para ello.

—No puedo… —susurró Gabriela. Ambos cuerpos desnudos en la cama, con las sábanas alborotadas, temblaron conmovidos—. No puedo, Alisha… ¿Acaso te avergüenzas de lo nuestro?

Alisha torció sus cejas y salió un sollozo de su garganta. Las lágrimas gruesas corrieron por los ojos grandes, se deslizaron sobre las mejillas y una se apretó contra la mandíbula, intentando no caer. La otra se perdió entre las telas.

—¿Entonces por qué? —preguntó Gabriela al enfrentarla, con los ojos rojos e incapaces de llorar—. ¿Por qué no quieres que le digamos a Rahni y Jayce? ¿Por qué no enfrentarlos? Podemos hacerlo junt…

Con un movimiento tenue de su rostro, Alisha marcó un «no».

Destrozada, Gabriela soltó las manos de quien había sido su pareja durante esos meses, la mujer por la que se enfrentó a sí misma y su propio miedo. La que la había imprimido tanta valentía, acobardándose frente a ella y queriendo esconderse quizás para siempre, con miedo de salir a la luz con su mano tomando la suya.

Con los ojos temblorosos y dóciles, Alisha volvió a usar sus manos para hablar y dijo lo que Gabriela ya sabía: que Jayce no iba a aceptarlas, que ella tenía miedo de que la separara de su hermana Rahni, que le diera tiempo, que…

«Le pertenezco a Jayce».

—Tú no le perteneces a Jayce —murmuró Gabriela, en ese punto: devastada—. Aunque haya pagado la dote para que te sacaran de esa casa, no eres su mujer. Su mujer es Rahni. Tu hermana.

«Lo sé,  pero soy como su hija».

—No eres su hija. Eres una mujer, hermana de su esposa, tía de sus hijos. —Gabriela apreció el rostro de Alisha y acarició el borde húmedo de su mejilla con el toque suave de sus dedos—. Eres una mujer libre. No los uses para esto, Alisha… No los metas entre nosotras.

«Perdón…».

Alisha hizo la seña del perdón con tanto sentimiento, que Gabriela no pudo más que comprenderla. Sus vidas fueron diferentes desde el inicio. Los miedos y prejuicios de Alisha nunca fueron un secreto para ella y no podría obligarle a dar más de lo que ella se sentía preparada. 

No se sintió justo para ambas. Con el dolor ya instalado, Gabriela supo que era el fin de la corta relación que iniciaron. 

Tomó el rostro de Alisha con todo el amor que le tenía y besó su frente despejada. Peinó los largos cabellos negros y tembló cuando Alisha buscó sus labios para buscar un beso más. Triste, necesario, benevolente. Sus labios se abrieron y cerraron en torno a los otros en una danza muda. Hubo perdón en cada movimiento suave que los cubrieron.

Alisha acarició también el cabello rizado de Gabriela, ligeramente enredado por la vorágine que significaron sus cuerpos minutos atrás. Deslizó sus dedos por sus mejillas redondas, por sus pecas. El beso se acabó con un suspiro tembloroso entre sus bocas. Y Gabriela abrió sus ojos resignados.

—Vamos a vestirnos. —Se apartó. Alisha la miró desde la cama mientras el cuerpo desnudo de Gabriela buscó su ropa interior.

Al verla, contempló la seña de Alisha preguntando: «¿Y nosotras?».

—No hay nosotras, Alisha —respondió. Sin dejar de mirarla, cerró el sujetador que cubría sus pechos—. Entiendo, entiendo que no te sientas lista y no quiero presionarte a hacerlo. Yo, la verdad, lo entiendo. —Gabriela buscó su blusa tejida. Alisha la miraba con los ojos rotos desde la cama—. Pero no puedo continuar esto así. Yo… yo la verdad no quiero continuar algo así. Mi deseo era tenerte a mi lado como mi pareja, Alisha, pensé que se podría.

«¡Podemos!», expresó con los movimientos ansiosos de sus manos.

—No, no así. No con la mentira. Mentí durante muchos años a mis padres por tener miedo, cometí errores graves, aunque eso me trajo un regalo hermoso.

La miró, decidida.

«Nadie tienen que saber lo nuestro».

Gabriela recibió un disparo al corazón, aunque no hubo hierro, ni palabras. Fueron los movimientos de las morenas manos temblorosas de Alisha frente a su pecho desnudo, suplicándole con los ojos silencio. El mismo silencio en el que ella vivió por tantos años.

Los ojos marrones de Gabriela no pudieron dejar de contemplar los gestos atorados de su compañera. No fueron gritos, pero se sintieron como tales. Sus manos se deslizaron veloces en el aire para mostrar la ansiedad, y con cada una de ellas se sentía rasgar un velo difuso en su interior. Arañazos agudos, rompiéndola.

«Necesito que me entiendas», continuó. «No hace falta que nos vean, que lo sepan. Podemos seguir así, como estamos, sin que…»

Con prisa, Gabriela detuvo las manos de Alisha para que dejara de hablar. No hizo falta que observara los ojos negros de la morena para saberlos húmedos y dolidos. Debía ser el mismo dolor que ella tenía en sus entrañas, supuso, porque aquello que le pidió Alisha no lo podría cumplir. Ya no. Era muy tarde para ello.

—No puedo… —susurró Gabriela. Ambos cuerpos desnudos en la cama, con las sábanas alborotadas, temblaron conmovidos—. No puedo, Alisha… ¿Acaso te avergüenzas de lo nuestro?

Alisha torció sus cejas y salió un sollozo de su garganta. Las lágrimas gruesas corrieron por los ojos grandes, se deslizaron sobre las mejillas y una se apretó contra la mandíbula, intentando no caer. La otra se perdió entre las telas.

—¿Entonces por qué? —preguntó Gabriela al enfrentarla, con los ojos rojos e incapaces de llorar—. ¿Por qué no quieres que le digamos a Rahni y Jayce? ¿Por qué no enfrentarlos? Podemos hacerlo junt…

Con un movimiento tenue de su rostro, Alisha marcó un «no».

Destrozada, Gabriela soltó las manos de quien había sido su pareja durante esos meses, la mujer por la que se enfrentó a sí misma y su propio miedo. La que la había imprimido tanta valentía, acobardándose frente a ella y queriendo esconderse quizás para siempre, con miedo de salir a la luz con su mano tomando la suya.

Con los ojos temblorosos y dóciles, Alisha volvió a usar sus manos para hablar y dijo lo que Gabriela ya sabía: que Jayce no iba a aceptarlas, que ella tenía miedo de que la separara de su hermana Rahni, que le diera tiempo, que…

«Le pertenezco a Jayce».

—Tú no le perteneces a Jayce —murmuró Gabriela, en ese punto: devastada—. Aunque haya pagado la dote para que te sacaran de esa casa, no eres su mujer. Su mujer es Rahni. Tu hermana.

«Lo sé,  pero soy como su hija».

—No eres su hija. Eres una mujer, hermana de su esposa, tía de sus hijos. —Gabriela apreció el rostro de Alisha y acarició el borde húmedo de su mejilla con el toque suave de sus dedos—. Eres una mujer libre. No los uses para esto, Alisha… No los metas entre nosotras.

«Perdón…».

Alisha hizo la seña del perdón con tanto sentimiento, que Gabriela no pudo más que comprenderla. Sus vidas fueron diferentes desde el inicio. Los miedos y prejuicios de Alisha nunca fueron un secreto para ella y no podría obligarle a dar más de lo que ella se sentía preparada. 

No se sintió justo para ambas. Con el dolor ya instalado, Gabriela supo que era el fin de la corta relación que iniciaron. 

Tomó el rostro de Alisha con todo el amor que le tenía y besó su frente despejada. Peinó los largos cabellos negros y tembló cuando Alisha buscó sus labios para buscar un beso más. Triste, necesario, benevolente. Sus labios se abrieron y cerraron en torno a los otros en una danza muda. Hubo perdón en cada movimiento suave que los cubrieron.

Alisha acarició también el cabello rizado de Gabriela, ligeramente enredado por la vorágine que significaron sus cuerpos minutos atrás. Deslizó sus dedos por sus mejillas redondas, por sus pecas. El beso se acabó con un suspiro tembloroso entre sus bocas. Y Gabriela abrió sus ojos resignados.

—Vamos a vestirnos. —Se apartó. Alisha la miró desde la cama mientras el cuerpo desnudo de Gabriela buscó su ropa interior.

Al verla, contempló la seña de Alisha preguntando: «¿Y nosotras?».

—No hay nosotras, Alisha —respondió. Sin dejar de mirarla, cerró el sujetador que cubría sus pechos—. Entiendo, entiendo que no te sientas lista y no quiero presionarte a hacerlo. Yo, la verdad, lo entiendo. —Gabriela buscó su blusa tejida. Alisha la miraba con los ojos rotos desde la cama—. Pero no puedo continuar esto así. Yo… yo la verdad no quiero continuar algo así. Mi deseo era tenerte a mi lado como mi pareja, Alisha, pensé que se podría.

«¡Podemos!», expresó con los movimientos ansiosos de sus manos.

—No, no así. No con la mentira. Mentí durante muchos años a mis padres por tener miedo, cometí errores graves, aunque eso me trajo un regalo hermoso.

La miró, decidida.

—No nos merecemos seguir viviendo con miedo, Alisha.

Separador de Los colores de Alisha

Nota de autor: He iniciado esta aventura, después de mucho pensarlo. Había decidido primero liberar solo a los patreon, pero al final considero que necesito que mi historia llegue a más personas. Mis patreons tendrán la primicia de recibir dos capítulos semanales, distinto a los lectores del blog que podrán ver solo un capítulo semanal. Pero todos podrán acceder a este trabajo al que le estoy poniendo mucho cariño.
Agradezco a Jazz Noire, mi coach de escritura, por ayudarme a notar las cosas que debía mejorar en este inicial borrador. Ella seguirá apoyándome en este trabajo junto a Letras en Gajos, su página de servicio.
¿Qué les ha parecido este primer capítulo?
Cada Lunes estaré liberando capítulos a todo publico. Los capítulos para los patreons se estarán liberando lunes y jueves. ¡Nos vemos!

Carolina Villadiego

Carolina Villadiego es una escritora entusiasta que tiene 10 años escribiendo historias de temáticas LGBT con drama realista que ha conmovido el corazón de sus lectores. Ha sido programadora, profesora, consultora, fanficker y rolplayer. En el año 2018 alcanzó un premio Wattys dentro de la plataforma de lectura online Wattpad por su libro: Hijo de Payasos.

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5 Respuestas

  1. Mónica dice:

    Me encanto.
    Como todo lo que escribes.

  2. Trebol dice:

    Recien leyendo el primer cap :’) entiendo el punto de vista de ambas, estoy ansiosa por ver como avanza la historia

  3. Anna dice:

    Ahhh!!!! Lo amé!!!!!

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